miércoles, 22 de diciembre de 2010

Asclepiótodo

Hace mucho tiempo, había un huevo muy feliz llamado Asclepiótodo.
Un día, Asclepiótodo decidió salir de caza, así que tomó su katana y salió a cazar.
Se adentró en el bosque, desenvainó su katana y se propuso a cazar un alce.
Rebanó todo a su paso hasta que, repentinamente, cayó y se rompió.
Murió dos días después en el hospital de especialidades de Nueva York a las 20 horas con 37 minutos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Ahora

Sentado viendo a la nada estoy, mientras el sofocante y húmedo viento de una noche de verano roza mis mejillas, sólo para pensar en lo vacío que me siento, en lo vacío que estoy y en lo vacío que, probablemente, estaré.
Es como si mi luz se extinguiese, como si ese talento que creí tener se marchara sin avisar, como una vil mujerzuela cuando termina con su trabajo...
La realidad ya no me lastima como solía hacerlo, pero, no podría decir que me hace sentir bien. En este punto diría que la realidad... ¿aburre? Sí, justo eso, la realidad aburre. MI realidad es aburrida, tan aburrida que no inspira, tan aburrida que no motiva, tan aburrida que... pues... aburre, y nada más.
Qué triste es cuando uno se da cuenta que ha dejado de avanzar. Que, por más que duela, uno se ha estancado.

viernes, 15 de octubre de 2010

¡BAM!

Y, sin embargo, cuando llego a casa y la luz del sol se escapa de mi ventana, es cuando caigo en cuenta que la soledad aún me tiene en brazos.
Al final de la tarde es cuando me doy cuenta de que el único contacto humano, con fin amistoso, estuvo siempre dentro del monitor de una computadora.
Los pensamientos abstractos comprimen mi mente. No puedo filtrar estas ideas. Me cuesta plasmarlas sobre el papel.
Estoy viviendo una historia vacía, difícil de llenar. Estoy seguro de que en algún momento caeré en un vicio (Tomando en cuenta que lamentarse en una esquina puede ser considerado como un vicio).
Tristemente, los vicios llenan (O eso me hacen creer, creo que por eso son llamados vicios).
Y, como es costumbre, exploté en una habitación dominada por el bullicio.

sábado, 28 de agosto de 2010

El Mejor de Mis Amigos

¿Dónde estás? ¿Por qué no puedo verte? ¿Por qué siento que te escondes, que escapas? ¿Qué pasó? ¿Qué te hice? ¿Tiene solución? ¿Es tan grave? ¿O simplemente no soy tan importante?
Eso ha de ser... Simplemente no soy tan importante, nadie lo es, nadie debería de serlo.
Quisiera que dejaras de huir de mí, o quisiera creer tus muy poco creíbles excusas... Pero no puedo. Me lastima tu ausencia. Me siento solo, abandonado.
Siento que ya no importo... Siento que no te importa. Siento como las obscuras garras de la soledad desgarran mis entrañas haciéndolas trizas. Siento que ya no puedo. Siento que ya no quiero.
Es increíble que me abandones cuando más te necesito, cuando, precisamente, te pedí compañía... Cuando, precisamente, te pedí ayuda.





Escrito en una triste noche de verano mientras el intenso calor consumía mis sentidos...

domingo, 1 de agosto de 2010

El extraño caso de la homicida de personas sin esperanzas

Esperanza... es el nombre de una mujer de largo vestido, altos tacones, guantes hasta los codos y una larga y lacia cabellera, negra como su vestimenta.
Esperanza es una mujer que no le teme a nada, ni siquiera a la muerte. Vaga por la ciudad buscando gente que la necesite... Gente sin esperanzas.
Dando largas zancadas en la obscuridad de la noche, discreta como el susurro del agua de un río, se acerca a una pobre chica que llora en lo profundo del callejón. Se aproxima a ella, y antes de que cualquiera lo hubiera notado, la chica ya había muerto.
Esperanza sigue su camino, caminando derecho, sigue sin destino exacto. Esperanza es una mujer que no tiene nombre, no tiene pasado, no tiene futuro. Sólo camina derecho, buscando nuevas personas a quien ayudar, es como ella los nombra... "Personas a quien ayudar"
Esperanza... Esperanza es el alias que ella misma se puso, su verdadero nombre ha sido olvidado, su verdadero nombre ya no existe, su verdadero nombre es algo que Esperanza no puede soportar.
Esperanza asesinó a su antiguo ser, para convertirse en lo que hoy en día es, una mujer que ayuda a las personas necesitadas.
Esperanza sigue su camino, hasta que en el parque, ve a una pareja teniendo una gran discusión. Al parecer la mujer engaña a su pareja con otro hombre, qué lástima para el pobre muchacho. Esperanza camina segura hasta el sujeto que llora, Esperanza desea ayudar al sujeto que llora. Se para frente a él, esboza una gran sonrisa y el sujeto está muerto. "El pobre muchacho ya no sufre" piensa Esperanza.
Esperanza no siente culpa, Esperanza no siente remordimiento, sólo se satisface de acabar con la vida de la gente que sufre, de la gente que la necesita, de la gente que carece de ella... que carece de esperanza...
Esperanza camina hacia el horizonte sin ver hacia atrás, camina hacia la obscuridad de la noche.
Cuando sale el sol en la mañana, Esperanza ya no está en las calles, es cuando Esperanza descansa de su trabajo. Cuando sale el sol en la mañana, la policía de desconcierta, no se explica por qué la cantidad de suicidios en la vía pública aumentan, no se explican por qué todos dejan la misma nota:
"No tengo esperanzas... No quiero vivir"

Guión Largo

alt 196

jueves, 15 de julio de 2010

Sin nombre, sin forma XIV

A veces, me gustaría regresar a cuando todo era sufrimiento y todo ese sufrimiento podía ser explicado con un nombre y un suceso. Por lo menos las cosas eran fáciles de explicar y no tenía que mentir ni esconderme de nadie

Amistad contaminada

Estoy muy confundido, no sé que pensar de ti, no sé si decirte lo que pasa. Eres muy especial, lo sabes, pero ahora te siento diferente. Ese cariño en son de amistad empieza a cambiar, crece, muta. Ya no sé ni lo que siento, mucho menos lo que quiero, tampoco sé si esté bien o mal. Pero si mi deseo es subir de nivel contigo, sé muy bien que será imposible.
Sé que lo nuestro no pasará más allá de mis pobres ilusiones y sé que debo mantener este sentimiento sofocado en lo más profundo de mi ser. Mientras más oculto esté mejor.
Tan sólo déjame pedirte un favor: Abrázame en tu suave piel, ese cálido cobertor que siempre me protege de mí mismo...

martes, 13 de julio de 2010

Memoria

Hoy, mientras divagaba por mi memoria, encontré una imagen de tu rostro. Cuando encontré ésto, mire fijamente a los ojos de la imagen, pero no eran tan vividos como tus ojos reales.
Al poco tiempo descubrí en el fondo de mi corazón (o tal vez no tan en el fondo) lo mucho que te extraño, la inmensa falta que me haces. Pero, extrañamente, no me siento triste, sólo... sólo siento nostalgia.
¿Será que algún día podré ver tus vividos ojos de nuevo?






Extraño el matiz de tus
hermosos ojos color café







miércoles, 7 de julio de 2010

...

ya casi un mes con la mente en blanco...

lunes, 14 de junio de 2010

Jugosa mentira

La joven pareja se encontraba sentada en una de las bancas del parque tomándose de las manos y hablando de las cosas de siempre, los amigos, la escuela, cosas de moda, lo mucho que se aman y demás temas comunes en la juventud de hoy en día.
Todo era perfecto, el clima, la banca, el parque, los niños que jugaban. Mientras los dos estuvieran juntos, todo sería perfecto. Pero Juan sabía que todo era mentira, una perfección falsa. Pensó que ya era momento de decir la verdad.
Se liberó dulcemente de la mano de María y dijo:
─María, mi amor, temo que hay algo que debo decirte─ En ningún momento volteó a ver a María. Temía de su mirada.
La joven se sorprendió al escuchar estas palabras "¿Qué podía ser tan importante como para interrumpir estos momentos tan perfectos?" Pensó María.
─Claro, dime ¿Qué es lo que pasa? Tu extraña actitud me está asustando.
─Lo que pasa─ dijo él ─es que hay algo sobre mí que no te he dicho, que he ocultado todo este tiempo.
─¿Qué puede ser tan malo? Yo te amo, no puede ser tan grave.
─ Créeme, lo es.
Entonces Juan sacó de su bolsillo una zanahoria. Ninguno de los dos se movió en el próximo minuto.
─¿Vendes zanahorias?─ Intentó bromear ella, pero Juan no rió, estaba demasiado nervioso como para sonreír siquiera.
─Lo que pasa es que yo... yo soy...─ Juan no logró terminar la frase.
─¿Qué pasa, amor? ¿Qué es lo que eres?
─Un extractor de jugo
─¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Juan no respondió, sólo insertó la zanahoria en su oreja derecha, presionó y el jugo comenzó a salir a borbotones de la oreja izquierda.
María estaba atónita, no sabía como reaccionar. La persona que más amaba era también el aparato electrodoméstico que más odiaba. Su cabeza no paraba de dar vueltas y una lagrima recorrió su mejilla.
─¿Sabías que hace seis años perdí mi dedo medular derecho gracias a un extractor de jugo?─ Dijo María mientras cerraba con fuerza los puños.
─Lo sé, por eso temía tanto decírtelo.
─No sé si pueda soportar estar con un maldito exprimidor de jugo.
─Pensé que me amabas.
María se levantó de su asiento y comenzó a emitir un fortísimo rechinido proveniente de su garganta. Entonces el suelo comenzó a partirse en dos formando una gran grieta de donde salió un inmenso perro rosa con patrones florales, diez veces el tamaño de María.
─Tienes razón─ Dijo ella ─eso era antes de saber que eres un extractor de jugo. Me repugna tu presencia.
María trepó ágilmente al lomo del inmenso animal. "Vayámonos de aquí" gritó y el perro comenzó a volar agitando las orejas,
─¡No te vallas!
Pero el grito de Juan fue inútil, ya se había alejado demasiado aquel perro gigante.

martes, 8 de junio de 2010

Sin nombre, sin forma XIII

Quisiera tomar de tal manera, que al final, ya no me queden ganas de seguir tomando. Quisiera gozar de tal manera, que al final, ya no me queden ganas de seguir gozando. Quisiera viajar de tal manera, que al final, ya no me queden ganas de salir de casa. Quisiera hacer tantas cosas, que al final, ya no me queden ganas de hacer nada. Quisiera vivir tan plenamente, que al final, nunca pierda las ganas de seguir viviendo...

lunes, 31 de mayo de 2010

Un ser perfecto

Que los violines celestiales impidan que cualquier sonido contaminante profane mis oídos. Para así, conseguir la purificación deseada y alcanzar la siguiente etapa de la vida: La razón
Que los inmensos mantos sagrados cubran mis ojos para no poder ver ningún malévolo distractor que sólo quieren alejarme del camino.
Que los sabios espíritus de la eternidad se apiaden de mi temeroso corazón y le eduquen a amar sólo a quien sea necesario.
Que la sublime madre naturaleza arranque de mi ser el incesable DESEO de sentir la calidez de su piel sobre la mía en una eterna danza de regocijante alegría, puesto que, no sucederá y ese deseo sólo me hace daño.
Que la infinidad del universo suprima todo pensamiento obscuro de mi mente, ya que no hacen más que frenar el proceso de recuperación emocional en el que me veo involucrado constantemente.
Y que los cinco junten sus fuerzas para formar un nuevo ser, uno limpio y puro, un ser perfecto, que sustituya a éste que está en muy mal estado y su único destino optó por traicionar.

La máscara de hielo

Y eme aquí, esperando un cálido corazón capaz de derretir esta máscara de gélido hielo que cubre mi rostro, impidiendo cualquier tipo de expresión facial.
Que logre palpar a este frío ser y logre sensibilizar mi cuerpo sedado por el extremo frío.
Que rompa los cimientos congelados que me atan a este mundo terrenal que tanto me lastima.






[Sé que puede ser mejor, pero hice lo que pude]

Esperanza

Dicen que nunca hay que perder la esperanza, que es lo que nos mantiene de pie, con vida... ¿En serio?
Lo que trato de expresar es; ¿En realidad la esperanza nos permite seguir con vida? ¡NO! Eso no puede ser cierto. La esperanza no es un sentimiento fiable, es una despiadada asesina sedienta de sangre.
La esperanza no te permite ver la realidad, sólo te hace vivir en deseos y fantasías que nunca serán reales, y cuando percatas la realidad, te destruye, tan rápida y sigilosa, que te das cuenta cuando ya es demasiado tarde.
No permitiré que esta dama vestida de negro lastime a más personas. Aunque muchos crean que sus intenciones son nobles, yo, solo, he descubierto la verdad. Ahora sólo es cuestión de tiempo para que la gente conozca sus malvadas intenciones.
Y, más importante, no volveré a caer en tus sucias jugarretas. No tienes perdón

miércoles, 26 de mayo de 2010

La habitación

Un misterioso sonido sucumbió repentinamente en la habitación.
—¡¿Qué fue eso?!— Gritó Marco desesperado mientras miraba de un lado a otro. Notó que estaba solo.
En ese instante descubrió que se encontraba en una gran habitación obscura con forma rectangular, sin ventanas, sólo una puerta metálica hasta el otro extremo, de la cual, se filtraba un pequeño halo de luz que iluminaba la habitación, lo suficiente para poder ver.
Los ojos de Marco miraban de lado a lado, el miedo lo corroía, desconocía lo que sucedía, y esto le frustraba.
A pesar del tremendo deseo que tenia de salir corriendo de aquella habitación, no podía hacerlo por la frustración creada por la duda que inundaba su mente.
Pocos segundos pasaron, y el pequeño halo de luz se vio cubierto por una espesa niebla, de un color negro y un matiz púrpura, que, en unos instantes, cubrió toda la habitación, privando de la vista a Marco, imposibilitando el distinguir si tenía los ojos abiertos o cerrados.
El miedo de Marco aumentaba, su cuerpo comenzaba a temblar, hasta que retumbó el estruendoso ruido de la puerta metálica cerrándose, aumentando el miedo de Marco hasta paralizarlo por completo. Ya no estaba solo.
—¡¿Quién está ahí?!— Dijo Marco apenas audible.
Nadie contestó. Aún sin verse nada, se comenzaron a escuchar pasos que se acercaban lentamente a él.
Marco comenzó a retroceder hasta alcanzar la pared. Comenzó a respirar agitadamente, haciendo sonidos extraños con la nariz.
—¿De qué te asustas?— Dijo alguien desde las tinieblas. Los ojos de Marco se abrieron como platos y comenzó a sudar frío.
—¡¿Quién eres tú?! ¡¿Qué es este sitio?! ¡Contesta! — Gritó Marco lleno de desesperación y miedo. Intentaba enfocar al vacío, pero no tenía ningún resultado.
De entre la espesa niebla se comenzó a distinguir la figura de un hombre aproximándose. La niebla se disipó lo suficiente para poder distinguir a este sujeto.
—¿Qué quién soy? ¿Acaso no me reconoces?— Dijo este individuo, con los ojos completamente en blanco y tan siniestra sonrisa.
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué te pareces tanto a mí?!— Contestó Marco mientras su mente bloqueaba cualquier tipo de pensamiento razonable.
—Eso es muy sencillo, querido Marco— EL sujeto se acercó a Marco lentamente, se aproximó al oído de éste y concluyó— Yo soy tú.
Marco reaccionó de manera impulsiva empujando al individuo, para así, alejarlo de él. El individuo era tan pesado como el plomo, así que no se movió ni un centímetro.
—¡Tú no puedes ser yo! ¡¿Por qué estás aquí?! ¿¡Por qué estoy aquí?!— Marco intentaba frenéticamente alejar al individuo de su cuerpo, pero no podía. Por más fuerza que tuviera en los brazos, no se movía, nada. Y su espalda estaba completamente en la pared.
Aquel ser de ojos blancos idéntico a Marco perdió la siniestra sonrisa de su rostro y se alejó de Marco. Quedando separados por unos escasos metros. Y dijo:
— Yo soy todo eso que no dejas salir, todo eso que reprimes en el fondo de tu corazón. Soy todo el dolor que estúpidamente no dejas salir. Soy tu verdadero ser.
—Y ¡¿Por qué estoy aquí?! ¡¿Qué sitio es este?!— Las manos de Marco comenzaron a temblar incesablemente mientras su mente comenzaba a funcionar de nuevo; buscando respuestas.
—No tiene caso que pienses, puedo verlo y, hasta cierto punto, controlarlo. Recuerda, somos el mismo ser— Interrumpió el individuo con esa siniestra sonrisa suya —Y, contestando tus dudas, esto es tu corazón. ¿Notas la porquería de habitación que me dejas?— Repentinamente el individuo abandonó esa sonrisa de nuevo, y tornó su cara en un semblante más agresivo —¡¿Sabes lo que es vivir aquí?! ¡¿Sabes lo que es ver como alguien arruina su vida, mi vida, y no poder hacer nada?! Estoy harto de estar aquí encerrado, y quieras o no, voy a largarme de aquí.
Ambos sujetos se quedaron congelados por unos segundos, Marco sabía que tenía que decir algo, pero no podía.
—Sé lo que estás pensando; intentas contestarme. No lo hagas, no me interesa— El individuo dio media vuelta, dándole la espalda a Marco —Es momento de que tome las riendas de la situación y momento de que tú te quedes en esta habitación. No por venganza, sino porque es lo mejor para los dos. Por mi cuenta corre que esta habitación será más luminosa que nunca.
"Y por favor no me odies, sólo estoy haciendo lo que creo que es lo mejor, lo prometo— El individuo ahora estaba muy serio, observando fijamente la puerta metálica, la salida.
—Gracias— Dijo Marco mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, pero no dejó escapar ninguna —Y tú sabes que no puedo odiarte, sólo intentas solucionar mis errores. Confío en que lo lograrás.
Marco ya no temía, ahora que sabía que todo era de su creación, le era imposible rechazarlo.
El individuo volvió a dar vuelta, mostrando una nueva sonrisa, ya no siniestra, sino llena de paz y confianza en sí mismo. Se acercó a Marco y le abrazó.
—Te prometo que lograré que seamos un mismo ser de nuevo— Dijo el individuo con tal seguridad que Marco no pudo hacer más que asentir con la cabeza.
El individuo soltó a Marco, camino silenciosamente hasta el otro extremo de la habitación, abrió la puerta y antes de hacer cualquier otra cosa, volteó y dijo:
—No te voy a decepcionar
Entonces, salió.
Marco, que se encontraba en el otro extremo de la habitación, se sentó y comenzó a cantar en voz alta todas esas canciones que tanto le gustan.

jueves, 20 de mayo de 2010

Sin Nombre, sin forma XII

Y pasados 30 días, su mente alejó todo eso que estorbaba en el camino, y todo logro salir... todo. Repentinamente sus dedos teclearon todo lo que cruzó por su mente en ese instante, logrando así lo que deseaba con todas sus fuerzas. Por fin pudo escribir de nuevo. El texto era un poco vago, pero tenía toda la fuerza necesaria para transmitir el sentimiento con el que fue plasmado. Era, como lo conozco vulgarmente, un vómito mental.

¡Tú puedes!

Hablas, hablas y hablas, puras palabras contigo. ¿Por qué no actúas? Deja ya de mentirle a todos diciendo que no puedes, cuando siquiera lo has intentado. Mediocre, sí, eso es lo que eres.
¿Crees que planeas tu vida? ¿Qué con eso tienes todo resuelto? Por favor, voltea a tu alrededor, ¿Cuánto tiempo supones que seguirán contigo? Bien sabes que nada es para siempre.
Acéptalo, estás solo. Siempre lo estuviste y siempre lo estarás, deja de ocultarlo, deja de decir que no lo estás. Deja de esconderte. Tarde o temprano te va a encontrar. Siempre encuentra a presas fáciles como tú.
Mientras ellos hacen sus vidas y luchan por lo que quieren, tú, en cambio, te sientas y esperas que la solución brote ante tus ojos. Qué patético. Es repugnante la manera en que observas lo que pasa a tu alrededor, y la manera en que te deprime ver como todo avanza a tal velocidad que ni siquiera pueden captarlo tus mortales ojos.
Te inventas soluciones, lloras en silencio, te lastimas a escondidas, te desahogas con la gente y ocultas quien en verdad eres. ¿Te parece que eso solucione tus insignificantes problemas? No seas ridículo, si no puedes con problemas tan pequeños e insignificantes ¿Cómo sobrevivirás en la vida real? Respuesta, no podrás.
Deja de no hacer nada, deja de ocultarte. Sal y grita al mundo quien en verdad eres, lo que en verdad quieres, lo que en verdad te gusta hacer. Ya no ocultes lo que sientes, te estás jodiendo, busca más amigos. No te conformes con lo que tienes, siempre pelea por más.
Para de odiar, empieza a amar. Ya no le grites a la muerte, estás desperdiciando tu vida, ¿No te das cuenta? No seas tonto.
Date la vuelta ¡Avanza! No retrocedas más,. No te estás hundiendo, sólo estás en la tierra ¡Acéptalo y vívelo! Deja de lamentarte por esa persona. ¡No vale la pena!
No estás apagado, sólo eclipsado. Detrás de toda esa mierda mental que cargas, está todo el talento esperando salir ¡Ya no lo reprimas!
Vamos, ponte de pie, camina derecho y no permitas que nadie te tumbe, otra vez, yo sé que puedes. No seas estúpido. Sólo estás perdiendo estos míseros segundos. Observa como se escapan entre tus dedos sin que puedas hacer nada ¿Lo notas? No los desperdicies, son muy pocos.
¿Te ignora? ¡Ignóralo! Deja de usar tu cerebro para formular problemas, y empieza a formar soluciones. No te vas a arrepentir, te lo aseguro.
Ahora, vete. Vete e inténtalo. No creas que al fracasar en una cosa arruinaste tu vida, ¡NO!, sólo es un error, sólo ponte de pie de nuevo y continua tu camino. Todos fracasan en algún momento.
Inténtalo, yo mientras me quedaré aquí, observando cómo lo haces. No te preocupes, siempre que quieras estaré aquí para apoyarte y aconsejarte.
Ten mucho cuidado, suerte y éxito.

Con afecto, Tu mente...

miércoles, 19 de mayo de 2010

No tiene sentido

Palabras fluyendo no. Mente mía bloqueada.
Sentido carente estar yo. Situaciones pasar sin parar.
Saber quien ser no yo. Revolver están sentimientos.
Secando mente sí. Apagando estoy yo. Yo no saber qué.
Callar tú ahora, ¿Por qué?. Necesitar ahora ti.
¿Razón escribiendo sentido no yo?
Entendimiento capacidad tener tú no

miércoles, 21 de abril de 2010

El niño, las Fresas y el no Creyente


Cuando abrí los ojos, ya no me encontraba en aquel mundo lleno de odio y sufrimiento al que estoy tan acostumbrado. No... En ese instante me encontraba en otro mundo, uno completamente diferente. Este nuevo mundo era verde y se respiraba paz en el aire. Completamente irreal.

Me encontraba en un pequeño campo de fresas, solo, ya que nadie compartía mis ideales. Bueno, en realidad no me hallaba solo, estaba aquel niño, Beto.
Señor, ¡vamos! Allá, bajando el cerro, encontrará más fresasDijo el niño mientras señalaba con el dedo el sitio del que hablaba.
Me tomó de la muñeca y tiro de ella para llevarme a aquel lugar.
—Espera, Beto, ya estoy cansado— Dije entre jadeos.
En realidad ya no podía más, Beto me había hecho subir a la punta del cerro, y ahora quería que lo bajara. Éso sobrepasa mis límites.
Me senté en el césped e intenté controlar mi respiración. Beto me imitó y después dijo:
—¿En serio ya se cansó, usted? Es porque viene de ciudad, pues.
—Beto— Al decir su nombre, obvié que mi respiración seguía irregular —Deja de hablarme de "usted". No soy tu autoridad.
—Sí, pues.
Cuando logré estabilizarme, nos pusimos de pie, y nos dirigimos a donde, según Beto, abundan las fresas.
Pasando una malla con púas, se lograba ver la base del cerro. Era un panorama sublime, mi mente no lograba registrarlo.
Después de deleitar mis ojos con tan magnificente vista, Beto y yo nos propusimos a bajar. Para poder bajar, se tenía que ir por un camino casi vertical. Yo bajaba con extrema precaución, mientras que el niño, lo hacía con tal facilidad, que no tardó mucho en adelantarse .
Cuando el niño estaba cerca de la base del cerro, sonrió y comenzó a gritar:
—¡Aquí están! ¡Hay muchísimas fresas y están bien grandotas!
Finalmente logré alcanzar a Beto y pude ver las fresas que decía. A comparación de las fresas transgénicas que conozco, éstas eran muy pequeñas, pero dulces como el azúcar. Simplemente deliciosas.
Después de comer fresas como si no hubiese un mañana, bajamos hasta la base del cerro y me recosté en el césped. Estaba exhausto. Beto se sentó a un costado de donde me encontraba, me miraba extrañado y dijo:
—¿Otra vez está, usted, cansado?
—Que no me hables de "usted"— Contesté un poco molesto. En verdad odiaba que me hablara de "usted" —Ya te dije que no soy tu autoridad. Y tampoco me llames señor. Soy tu amigo.
—¿Mi amigo?— De repente, Beto se quedó observando el vacío, con la cara seria, inmutable.
—Sí, tu amigo— Contesté rápidamente.
El niño parecía no creerlo, pero después de unos segundos, esbozó una gran sonrisa y dijo:

—Y entonces, ¿cómo te llamo si ya no te hablo de "usted"?Pues

—Como tú quieras, Beto— dije, mientras en mi rostro se empezaba a formar una sonrisa.
Beto volvió a mostrar esa sonrisa de oreja a oreja y dijo:
—¿Puedo llamarte amigo?
—Como tú quieras— Contesté y cerré los ojos, ahora yo también estaba sonriendo. Recostado en el césped, me fundía con la naturaleza. Realmente me sentía feliz.
Cuando abrí los ojos, me encontraba en el asiento de un autobús con destino a aquel mundo gris que quiero olvidar, mi infierno en vida. Ya no estaba en ese maravilloso mundo verde, mi boca comenzaba a olvidar el sabor de las fresas y mis oídos la voz de Beto, mi amigo.
Repentinamente, las lágrimas brotaron de mis ojos, dejando rastro de su camino sobre mis mejillas, mientras un oscuro pensamiento circulaba por mi mente: "no lo volverás a ver, no podrás regresar" .

lunes, 19 de abril de 2010

¿Qué me sucede?

Otra vez, sin motivo alguno, me siento fatal. No importa cuanto lo intente, no puedo salir adelante. Sólo retrocedo, empeoro, tentándome a recaer, justificándome en estúpidas excusas.
Estoy volviendo a ser consumido por mi mente. Los sentimientos me dominan de nuevo. Odio a todos.
La gente me molesta. Me irrita el sonido de sus voces. Quisiera erradicar permanentemente el bullicio que me rodea. Este deseo impulsivo de hacerle daño a alguien es casi incontrolable, es como si fuese el reflejo del deseo de dañarme a mí mismo. No podré controlarme por siempre.
Quizá todo se deba a la frustración forjada por cargar sueños sin esperanzas...

viernes, 26 de marzo de 2010

Amigo

Mi amigo, mi compañero, siempre estás ahí cuando lo necesito. Escuchas silenciosamente todo lo que tengo que decirte. Siempre.
Cada que tropiezo, estás ahí para no dejarme caer, ayudándome a salir adelante.
Me ayudas, me escuchas, me apoyas, me aconsejas, opinas, me felicitas, me regañas, me lees, me aceptas... Pero, algo te está sucediendo.
¿Qué te está pasando? Tu mirada ahora se ha tornado de un color muy triste, deprimido, perdido.
Déjame acercarme, quiero ayudarte. Necesito ayudarte. Me importa demasiado como para pretender que no sucede nada. Habla. No te cierres. No te alejes. Me preocupas. Me asustas.
Tengo miedo de que empeores, que termines mal. Que termines como yo. Sonríe, se feliz. Confía en tu Dios.
Por favor regresa. Ya no te pierdas...

martes, 23 de marzo de 2010

Sin nombre, sin forma XI

Hoy, a pesar de ser un excelente día, a pesar de que las cosas por fin están teniendo el resultado que deseo, a pesar de tenerlo todo para ser feliz.
Me siento fatal... ¿Por qué? ¿Por qué me siento así si no tengo razón alguna?
Qué patético...

x = (-b ± √b² - 4ac) / 2a

Es increíble la capacidad que tienes para cambiar mi estado de ánimo en tan pocos instantes. Ahora todo ese malestar se ve tan ajeno de mí. Tal vez me estoy recuperando, no sé

lunes, 22 de marzo de 2010

Sin nombre, sin forma X

hoy, por primera vez en mucho tiempo, fui feliz

domingo, 21 de marzo de 2010

Te necesito

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que necesitas?
Yo sí, muchas veces.
Necesito a una persona que me quiera cuando yo le diga que la quiero. Que me abrace cuando me sienta vulnerable. A alguien que me proteja de mí mismo.
Eso es lo único que pido, lo único que necesito. Y quiero que tú seas a quien necesito.

Sin nombre, sin forma IX

Ahora me voy. Me largo de este maldito infierno en donde todo me sale mal.
Llego a un mundo alternativo, en donde no creo en nadie, y me veo completamente solo.

¿Cómo le voy a hacer?

El bolígrafo y el papel serán los únicos testigos de este viaje tan perturbador.

Sin nombre, sin forma VIII

Viéndote de lejos, me doy cuenta de cuanto te necesito. Lástima que nunca sucederá...

viernes, 19 de marzo de 2010

Sin Nombre, sin forma VII

Intento superarme, salir adelante, pero no puedo. La felicidad está tan distante que parece irreal. No sé cómo alcanzarla, y si la alcanzase, ¿sabría que hacer con ella?. No.
Tan acostumbrado estoy a sufrir, a sentir dolor, que no podría vivir con la felicidad. Tarde o temprano buscaría un motivo para seguir sufriendo.
Estoy consiente de lo que dije anteriormente: "Nací para morir solo", pero, ¿no podré siquiera morir feliz?.
No pido mucho...

¡Débil!

Puedes ser feliz, todo depende de ti, dicen. Pero, ¿en realidad depende de mí? No lo creo.
Soy muy débil como para depender de mí mismo. Ni en el mundo más utópico de mi mente me veo con fuerzas.
Mi poca resistencia me impide avanzar, me estanco, me hundo. Me hundo en una fosa sin fondo, creada por mí mismo, situada por mí mismo. Esa fosa soy yo.
Conforme más me hundo, más me pierdo, más me confundo y más me lastimo. A tal grado de perder todo sentido de espacio o tiempo. Sólo siento malestar, estoy harto.
Estoy harto, tan harto de mí, que ni siquiera puedo verme al espejo. Jamás podré aceptarme. Soy tan débil.
Si mi bienestar depende de mí, estoy jodido.

martes, 16 de marzo de 2010

La carta a la Muerte

Querida Muerte:
Hola, muerte, ¿cómo has estado? espero que bien. Bueno, dejando los saludos a un lado, quiero decirte que el motivo por el cual, te escribo esta carta es éste:
¿Por qué no has venido por mí todavía? Sinceramente ya te tardaste, amiga.
Ya tengo muchas ganas de verte, irme contigo. La vida aburre y lastima. Curioso ¿no crees?
Muy bien, Muerte, espero que ya no tardes más.

Postdata: No se te olvide decirle a Dios de mi parte que, la vida que me dio apesta. Que simplemente no la quiero.

Gracias.

Atentamente: Patricio Barrilado Pérez

Sin Nombre, sin forma VI

Estoy harto de verte todos los días a mi lado, y que no me dirijas siquiera la palabra. Lastimándome con cada segundo de tu frío silencio, tan tajante como la daga de un asesino justo en mi corazón.
Siempre a la distancia, observándote, me pregunto "¿qué estarás pensando?" "¿por qué dijiste que no tenías problema alguno?"
Ahora, después de tanto tiempo me doy cuenta. Nací para morir solo.

domingo, 28 de febrero de 2010

Marco y Héctor

Hacía un día precioso. Pero Marco no podía disfrutarlo, se encontraba en el hospital. Visitaba a su moribundo padre, junto con su hermano, Héctor.

Papá, no te preocupes, todo saldrá bien— Mintió Marco, con el fin de dar un pequeño aire de esperanza al viejo que ahí yacía.

Entonces, Marco le tomó la mano, mientras Héctor refunfuñaba y decía:

Por favor, no le mientas a papá. Los tres sabemos la verdad.

¡Cállate, Héctor! —Gritó Marcó mientras se levantaba— ¡No tenías porque haber dicho eso!

No peleen—Intervino el padre— Mejor platícame, Marco. ¿Cómo te ha ido con el divorcio?

Después de un gran suspiro, Marco alcanzó la vista de su padre, y dijo:

—Qué mal, no pude arreglar nada con Lucy. Al decirme que buscaría cualquier prueba para tramitar un divorcio causal, decidí acceder, y tramitar el divorcio voluntario. Pero eso no es todo, se llevó todos mis bienes. Prácticamente sólo me dejó los bienes incorporales, y eso porque le es imposible quitármelos.

Y, ¿qué pasó con la tutela del niño?, ¿ganaste? — Preguntó Héctor, muy preocupado.

Marco agachó la cabeza, y mientras una lágrima recorría su mejilla, dijo:

No, al perder todos mis bienes, patrimonio y domicilio, el juez dijo que no podría hacerme cargo del niño. La única manera de ganar la tutela, sería demostrando que mi ex-mujer tiene problemas mentales o que es drogadicta. Pero, vamos, sabemos que no es cierto.

Por unos momentos, hubo un silencio en la habitación, muy incómodo. Los tres observaban un punto en el espacio, sin realmente ver algo.

¿De cuánto es la manutención?­— Preguntó el padre.

El treinta por ciento de lo que gano…

El tiempo pasó, y la hora de visitas en el hospital acabó. Los dos hermanos salieron de la habitación, prometiendo volver al día siguiente. Marco estaba muy triste, perdió a la mujer que ama y a su hijo, y sabía que no le faltaba mucho para perder a su padre. Héctor parecía no importarle el estado de su padre, pero por dentro estaba hecho pedazos. Mientras que el padre, estaba demasiado frustrado, llevaba meses tendido en aquella deprimente habitación.

El anciano murió a los tres días. Marco no derramó ni una lágrima al enterarse de la noticia. En cambio, Héctor rompió a llorar como si fuese un niño pequeño.

El anciano no dejó testamento, así que todos sus bienes pasaron a suceder a sus hijos, en partes iguales, obviamente. El anciano no tenía gran patrimonio, sólo una casa, propia, un pequeño negocio y uno que otro objeto de valor. Después de discutirlo, los hermanos pudieron llegar a un acuerdo. La casa sería de Marco, ya que su ex-esposa se quedó con la casa que apenas había terminado de pagar. Héctor se quedaría con los objetos de valor. Los hermanos se asociaron, como persona moral, y se dividían las ganancias en partes iguales.

El tiempo pasó, y Marco conoció a una mujer. Al año de conocerse, deciden contraer matrimonio. Mientras que Héctor, se divorció necesariamente, ya que su mujer era una estafadora.

El tiempo pasa, y todo lo cura. Ahora Marco y Héctor llevan una vida, más que feliz, estable…


*Mi tarea de Derecho (: me gustó demasiado

jueves, 25 de febrero de 2010

Buganvilia



Hacía un día muy frío. El cielo estaba nublado, pero se alcanzaba a ver el sol.
Jackie y sus padres pararon en un restaurante, en medio de un pueblo de Michoacán, estaban hambrientos. Acababan de arribar en el pueblo.
El restaurante era muy pintoresco. Era de madera y estaba alzado por unas tablas, salientes del piso. Así como una casa en la playa. En el piso, había unos canales con agua, donde había unos peces muy extraños. "Parecen peces japoneses" pensó Jackie.
Al terminar de comer, los padres de Jackie empezaron a platicar. Esto a ella le aburría demasiado, así que decidió ir al jardín. Ahí había mucho pasto, muy bien cuidado, y unos juegos infantiles. A lo lejos, Jackie, vio a una pequeña niña, con pantalón de mezclilla, jugando en la hierba. Parecía que danzaba al compás del viento.
Cuando la niña notó la presencia de Jackie, fue corriendo hacia ella y dijo:
—Hola, me llamo Valentina— Y entonces ladeo la cabeza esbozando una gran sonrisa— ¿Cómo te llamas?
—Mi nombre es Jacqueline, pero puedes decirme Jackie— Jackie no lo había notado, pero con Valentina cerca, sentía paz en el aire.
—Bueno, Jackie, jugaré un poco más. Por favor no te vallas.
Jackie obedeció a la niña, y se quedó ahí, viéndola jugar silenciosamente. Cuando los padres de Jackie le hablaron para marcharse, Valentina fue corriendo con ella. Hizo un gesto con la mano para que Jackie se acercara. Cuando se acerco dijo:
—Te contaré un secreto, me gustan mucho las flores— dijo Valentina con una sonrisa de oreja a oreja.
Y entonces, saco de su bolsillo una pequeña flor. Una buganvilia.
Jackie la aceptó, diciendo "gracias". Entonces sus padres volvieron a llamar. Volteó, dijo que no tardaba más, y cuando regresó la mirada, Valentina ya se había ido.
Esto a Jackie le parecía muy extraño. pero guardó la pequeña buganvilia.
Transcurridos dos años de aquel curioso suceso. Jackie se sentía desconsolada. Muy triste.
Fuera de casa, hacía mucho viento, lo cual deprimía más a Jackie. Repentinamente, recordó a Valentina, el olor del césped, el hermoso panorama, lo que hizo que se sintiera un poco mejor.
Las ventanas se abrieron de golpe a causa del viento, así que Jackie se acercó a cerrarla. Al tomar la ventana, para cerrarla, una pequeña buganvilia cayo lentamente frente a ella. Era muy extraño, ya que por ahí no se daban estas flores.
Jackie esbozó una gran sonrisa, y guardó esa pequeña flor, junto con sus tesoros más preciados.
"Gracias por acompañarme, Valentina" pensó.

Gritos desesperados

El camino se estrecha. Lleno de atascamientos de una sustancia obscura. Aún así, intento pasar.
Al principio todo parecía muy sencillo, hasta que los estancamientos de aquella sustancia obscura empezaron a ser más abundantes.
La cantidad de estancamientos fueron creciendo gradualmente hasta que me topé con un mar, de esta sustancia, claro.
Muchos días estuve ahí, no sabía que hacer. Temía lanzarme, pero me era imposible regresar. Cada segundo que pasaba ahí parado, sentía como mi corazón se estrujaba y revolcaba de dolor.
De repente, un día, decidí aventarme a ese mar. La sustancia era más espesa de lo que imaginé, me es casi imposible nadar. Mis fuerzas se agotan. Sólo grito. Grito desesperadamente por ayuda, pero nadie acude. Me hundo.

¿Por qué?

¿Por qué?
A pesar de exteriorizar eso que tanto me perturbaba, ahora que por fin me he librado de eso. ¿Por qué me siento incluso peor?
Se suponía que me quitaría un gran peso de en sima. Pero parece que aumentó la carga. Sólo te hice caso...
Ahora sí no sé que hacer. Ya no estoy confundido, estoy cuerdo, pero perdido. No sé hacia donde ir ahora.
Las cosas no deberían de ser tan complicadas

martes, 23 de febrero de 2010

Loco


Hoy, 23 de Febrero del 2010, nada, ¿entiendes?, Nada me sale bien.
Estoy perdiendo mi mente, mis sentimientos me consumen y mis sentidos están al borde de la explosión.
No sé quien soy, y no quiero saberlo. Pero sé lo que tengo que hacer. No quiero hacerlo. Tengo miedo. Miedo...
Ahora lo noto, estoy siendo absorbido por el miedo, la incertidumbre. Me consumo. Me deshago.
Miro al horizonte esperando morir, lenta y silenciosamente. Sólo quiero morir. Que todo termine. Morir es la única solución. Pero morir me da aún más miedo que vivir.
No sé que hacer
¡A la mierda con todo!. Mente, piérdete. Sentimientos, consúmanme. Sentidos, exploten.
Ahora me quedaré sentado, esperando el final, mientras la obscuridad me consume.
Ni siquiera se que es todo esto que escribo... Estoy tan harto de mí.


Me estoy volviendo loco...

lunes, 22 de febrero de 2010

Un día de mi vida.

Desperté. Sinceramente no sabía quien era yo, debía ser yo, pero no lo sentía así. No tenía ganas de hablar con nadie, por miedo a que alguien notara mi cambio de personalidad tan repentino, así que me predispuse a callar todo el día. Tarea fácil para alguien tan excéntrico como yo.
Me alisté, como siempre, y fui al colegio.
Entré al aula, como cualquier otro día. Dejé mis cosas en mi pupitre y tomé asiento. Entrecrucé los dedos y los apoyé entre mi nariz y el labio.
Así me quedé mientras llegaba toda esa gente con la que me veo obligado a convivir todos los días, mis compañeros de clase.
Mientras tanto, mi mente volaba, pensaba en como arruiné mi pasado, como desperdicio mi presente y en como desmorono mi futuro.
Me la pasé así hasta que sonó la chicharra que anunciaba el inicio de las clases. Cosa que me interesó muy poco, ya que en realidad saqué mi libro de Tokio Blues y sin más, lo comencé a leer.
Me tocaba la materia de Tutoría (que en realidad no es una materia). Entró la maestra, una mujer morena con sobrepeso. A pesar de tener cara de felicidad y complacencia, sus ojos demuestran una tristeza inmensa. Esta mujer siempre está en mecanismo de defensa, siempre tratando de herir con sus comentarios punzo-cortantes, pero hoy no podía hacer nada que me molestara, estaba demasiado dañado como para dañarme más.
Me importó un bledo su presencia, así que seguí leyendo. Repentinamente me habló la maestra, sinceramente me dio mucha pereza ir a el escritorio para ver que quería.
Puse mi separador en la página en que me había quedado (que por cierto, era una parte muy interesante) y fui hacia el escritorio.
—¿Qué pasó maestra?— Pregunté
La maestra volteó fugazmente a mi pupitre, donde dejé mi libro, entonces preguntó:
—He notado que leías, ¿qué libro es?, ¿De qué trata?
Tokio Blues, es de un escritor japonés— contesté sin ánimo, ya quería regresar a mi asiento.
—Bueno, como tutora—comenzó a decir, cambiando repentinamente el tema— Es mi deber saber si tienes algún problema con alguna materia o algún profesor.
Hice mueca de estar pensando, aunque en realidad no tenía ningún problema, ya que me la he pasado tomando apuntes y en silencio. Inhalé profundamente y le dije:
—La verdad, no.
—¡Oh!, eso es muy bueno Patricio, me alegra mucho.
—Gracias— intenté sonar agradecido, pero mi cara quedó inmutable a algún sentimiento.
—¡Vaya!, al parecer has cambiado. Puedo ver que te has vuelto más responsable, y que has dejado de comportarte como un niño. Creo que has madurado— Dijo la maestra, esbozando una sonrisa muy extraña, como de satisfacción. Tal vez de verdad estaba orgullosa de mí.
Lástima que estuviera equivocada. Lo que me pasaba no tenía nada que ver con la madurez.
—¿Gracias?
La maestra no notó que era una pregunta de incredulidad, sólo dijo que regresara a mi asiento. Eso fue lo que hice, y comencé a leer de nuevo.
Acabó la clase de Tutoría, y comenzó la de Psicología.
Ni siquiera noté cuando se intercambiaron las maestras. Pero cuando me di cuanta, la maestra de Psicología ya estaba en el escritorio.
No me importo, sólo leí hasta el timbre para salir al descanso. Entonces cerré mi libro y me marché.
Fui a buscar a una de las pocas personas que me comprende y me acepta, al igual que yo a ella. Y nos pasamos el descanso juntos físicamente, pero distanciados mentalmente. Cada quien volaba en su propio infierno interno.
Cuando terminó el descanso, fui directamente a mi salón, y me planté en mi asiento justo como en la mañana.
Y pasaron otras tres horas de rutina. En todo el día no hablé con nadie, mas que unas vagas palabras pidiendo la hora, o preguntando si había tareas pendientes.
Y así hasta que llegó el segundo descanso. El más corto del día, gracias al cielo.
Hice lo mismo que en el primero, a diferencia de que compré algo en la cooperativa, no sé por que, ya que no tenía tanta hambre.
y acabó el segundo descanso. De nuevo me dirigí a mi salón, me planté y entrecrucé los dedos en la parte superior del labio.
Así me la pasé las siguientes dos horas. Cuando sonó el timbré en señal de cambio de clases, tomé mis cosas y subí las escaleras hasta el último piso (donde tomaba lugar la última clase).
Repetí el procedimiento, entré, dejé mis cosas, me senté, entrecrucé los dedos y divague por mi mente.
Poco a poco el aula se llenó, al igual que mi mesa. Como eran mesas en conjunto, no podía estar solo en esta ocasión. En mi mesa se sentaron mis "amigos", quienes hablaban de ropa, antros, clases sociales, y todo ese tipo de porquerías que en verdad no me importan.
Mi cabeza, estaba a punto de explotar, estaba harto de este maldito día. Estaba a punto de gritar, pero fui interrumpido por una compañera que preguntaba:
—Oye, Patricio. ¿Tú crees que debería perdonar a Briseño?, quiero volver a hablar con él, pero es su culpa. Él debería disculparse conmigo ¿no?, sí, así es, no le hablaré hasta que el me pida perdón y...
—¡No seas pendeja!. Sólo te quedan cuatro meses, y después de eso, no lo volverás a ver— exploté contra ella, no era mi intención, pero fue la primera persona que se me acercó. Pobre chica, tenía mala suerte.
Acabo la hora, por consecuente, las clases. Tomé mis cosas y me largué a mi casa.
Hablé por messenger con la persona que más me confunde. El ver como le interesaba hizo que volviera a sentirme yo. Prometió ayudarme el día de mañana, lo que dejó en mí una gran esperanza. Tal vez aún me sienta mal, pero saber que cuento con su apoyo me alegra mucho.
Después de eso, no he hecho más cosas que signos que gritan "¡ayuda!" en mi libreta.
Ahora, sólo olvido este día escribiendo esto...