Atrapado en el gigantesco abismo de la incertidumbre, con un infernal ardor en su interior, Patricio penetra con las manos su pecho, desgarrando la piel, para extirpar ese ardor aberrante que proviene de su corazón.
Sorprendióse Patricio al descubrir que carecía de corazón, que en su lugar yace el infinito.
¿Cómo puede residir el infinito dentro de mí, un ser finito?— Preguntóse Patricio.
Al retirar las manos de su pecho, Patricio entendió que el odio que siempre ha tenido consumió su corazón.
¡Oh pobre joven! Arde en llamas infernales antes de ser sentenciado a su castigo eterno.