lunes, 12 de agosto de 2019

Mereces Todo

Aún recuerdo el día en que te conocí. Aquel día mi vida cambió totalmente y no lo noté. Fue un lunes por la mañana, hacía muchísimo calor como es costumbre en esta ciudad y era mi primer día de trabajo.
Era una sensación extraña, una mezcla de miedo y emoción. Estaba por emprender una aventura sumamente emocionante, aunque terriblemente turbulenta.

Ese día estabas en el escritorio más pequeño, trabajando con un monitor miniatura, donde apenas se podía ver lo que se hacía. Te veías enorme al lado de todas esas cosas miniatura que te habían asignado, tu cabello estaba alborotado como siempre y en aquel entonces no usabas barba.

Recuerdo que cuando entré a la oficina cautivaste totalmente mi atención. ¿Quién es ese muchacho tan guapo? Pensé.

De verdad, no tienes ni idea de lo nervioso y contento que me hizo cuando me asignaron en el equipo donde tú estabas, y que además iba a pasar mi primer día contigo para que pudieras ponerme al tanto de las cosas.

Te confieso que ese día puse muy poca atención a lo que me decías porque estaba perdido en tus ojitos color miel que no se despegaban de la pantalla miniatura. Tu voz suave y grave me abrazaba al ritmo lento que tienes al hablar. Me tenías totalmente idiotizado.

¿En algún momento te diste cuenta? Supongo que no...


Ya pasaron más de 4 años de ese día...


Hoy eres una de las personas más importantes de mi vida. He aprendido mucho de ti y estoy infinitamente agradecido contigo por todo lo que has hecho por mí sin esperar nada a cambio.
Me demostraste que el amor existe y que vale la pena tirarlo todo por la borda para defenderlo.

Me has enseñado con el ejemplo a tener paciencia, incluso a tener paciencia de mí mismo.

El crecimiento profesional que he tenido ha sido en su mayor parte gracias a ti. Sin ti no sé que sería de mí... Estaría de vuelta en los andenes humillándome por unos dólares.

Hay una cosa que aún no ha cambiado. Todos los días siento como si mi corazón fuese a salirse de mi pecho de la emoción cuando te veo llegar.

Eres el ser humano más maravilloso que he conocido hasta ahora y te mereces cada gota de felicidad que el universo te brinda. Mereces a la maravillosa mujer con la que te casaste. Mereces a la familia tan hermosa que tienes.

Te mereces todo.

Lo que no te mereces es que mi actitud arruine tu paz. No mereces estar preocupado por mí. No te mereces temer que un día simplemente ya no esté. No te mereces tener a este hipócrita como tu mejor amigo... Mereces más. Mucho más. Sin embargo, ahí estás, a mi lado pendiente de que siga vivo.

Lamento mucho el enojo que te he causado. Lamento haberte fallado tanto. Lamento no respetar los límites. De verdad lo siento muchísimo.

No me merezco haberte conocido.