viernes, 26 de marzo de 2010

Amigo

Mi amigo, mi compañero, siempre estás ahí cuando lo necesito. Escuchas silenciosamente todo lo que tengo que decirte. Siempre.
Cada que tropiezo, estás ahí para no dejarme caer, ayudándome a salir adelante.
Me ayudas, me escuchas, me apoyas, me aconsejas, opinas, me felicitas, me regañas, me lees, me aceptas... Pero, algo te está sucediendo.
¿Qué te está pasando? Tu mirada ahora se ha tornado de un color muy triste, deprimido, perdido.
Déjame acercarme, quiero ayudarte. Necesito ayudarte. Me importa demasiado como para pretender que no sucede nada. Habla. No te cierres. No te alejes. Me preocupas. Me asustas.
Tengo miedo de que empeores, que termines mal. Que termines como yo. Sonríe, se feliz. Confía en tu Dios.
Por favor regresa. Ya no te pierdas...

martes, 23 de marzo de 2010

Sin nombre, sin forma XI

Hoy, a pesar de ser un excelente día, a pesar de que las cosas por fin están teniendo el resultado que deseo, a pesar de tenerlo todo para ser feliz.
Me siento fatal... ¿Por qué? ¿Por qué me siento así si no tengo razón alguna?
Qué patético...

x = (-b ± √b² - 4ac) / 2a

Es increíble la capacidad que tienes para cambiar mi estado de ánimo en tan pocos instantes. Ahora todo ese malestar se ve tan ajeno de mí. Tal vez me estoy recuperando, no sé

lunes, 22 de marzo de 2010

Sin nombre, sin forma X

hoy, por primera vez en mucho tiempo, fui feliz

domingo, 21 de marzo de 2010

Te necesito

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que necesitas?
Yo sí, muchas veces.
Necesito a una persona que me quiera cuando yo le diga que la quiero. Que me abrace cuando me sienta vulnerable. A alguien que me proteja de mí mismo.
Eso es lo único que pido, lo único que necesito. Y quiero que tú seas a quien necesito.

Sin nombre, sin forma IX

Ahora me voy. Me largo de este maldito infierno en donde todo me sale mal.
Llego a un mundo alternativo, en donde no creo en nadie, y me veo completamente solo.

¿Cómo le voy a hacer?

El bolígrafo y el papel serán los únicos testigos de este viaje tan perturbador.

Sin nombre, sin forma VIII

Viéndote de lejos, me doy cuenta de cuanto te necesito. Lástima que nunca sucederá...

viernes, 19 de marzo de 2010

Sin Nombre, sin forma VII

Intento superarme, salir adelante, pero no puedo. La felicidad está tan distante que parece irreal. No sé cómo alcanzarla, y si la alcanzase, ¿sabría que hacer con ella?. No.
Tan acostumbrado estoy a sufrir, a sentir dolor, que no podría vivir con la felicidad. Tarde o temprano buscaría un motivo para seguir sufriendo.
Estoy consiente de lo que dije anteriormente: "Nací para morir solo", pero, ¿no podré siquiera morir feliz?.
No pido mucho...

¡Débil!

Puedes ser feliz, todo depende de ti, dicen. Pero, ¿en realidad depende de mí? No lo creo.
Soy muy débil como para depender de mí mismo. Ni en el mundo más utópico de mi mente me veo con fuerzas.
Mi poca resistencia me impide avanzar, me estanco, me hundo. Me hundo en una fosa sin fondo, creada por mí mismo, situada por mí mismo. Esa fosa soy yo.
Conforme más me hundo, más me pierdo, más me confundo y más me lastimo. A tal grado de perder todo sentido de espacio o tiempo. Sólo siento malestar, estoy harto.
Estoy harto, tan harto de mí, que ni siquiera puedo verme al espejo. Jamás podré aceptarme. Soy tan débil.
Si mi bienestar depende de mí, estoy jodido.

martes, 16 de marzo de 2010

La carta a la Muerte

Querida Muerte:
Hola, muerte, ¿cómo has estado? espero que bien. Bueno, dejando los saludos a un lado, quiero decirte que el motivo por el cual, te escribo esta carta es éste:
¿Por qué no has venido por mí todavía? Sinceramente ya te tardaste, amiga.
Ya tengo muchas ganas de verte, irme contigo. La vida aburre y lastima. Curioso ¿no crees?
Muy bien, Muerte, espero que ya no tardes más.

Postdata: No se te olvide decirle a Dios de mi parte que, la vida que me dio apesta. Que simplemente no la quiero.

Gracias.

Atentamente: Patricio Barrilado Pérez

Sin Nombre, sin forma VI

Estoy harto de verte todos los días a mi lado, y que no me dirijas siquiera la palabra. Lastimándome con cada segundo de tu frío silencio, tan tajante como la daga de un asesino justo en mi corazón.
Siempre a la distancia, observándote, me pregunto "¿qué estarás pensando?" "¿por qué dijiste que no tenías problema alguno?"
Ahora, después de tanto tiempo me doy cuenta. Nací para morir solo.