Sentado viendo a la nada estoy, mientras el sofocante y húmedo viento de una noche de verano roza mis mejillas, sólo para pensar en lo vacío que me siento, en lo vacío que estoy y en lo vacío que, probablemente, estaré.
Es como si mi luz se extinguiese, como si ese talento que creí tener se marchara sin avisar, como una vil mujerzuela cuando termina con su trabajo...
La realidad ya no me lastima como solía hacerlo, pero, no podría decir que me hace sentir bien. En este punto diría que la realidad... ¿aburre? Sí, justo eso, la realidad aburre. MI realidad es aburrida, tan aburrida que no inspira, tan aburrida que no motiva, tan aburrida que... pues... aburre, y nada más.
Qué triste es cuando uno se da cuenta que ha dejado de avanzar. Que, por más que duela, uno se ha estancado.