domingo, 28 de febrero de 2010

Marco y Héctor

Hacía un día precioso. Pero Marco no podía disfrutarlo, se encontraba en el hospital. Visitaba a su moribundo padre, junto con su hermano, Héctor.

Papá, no te preocupes, todo saldrá bien— Mintió Marco, con el fin de dar un pequeño aire de esperanza al viejo que ahí yacía.

Entonces, Marco le tomó la mano, mientras Héctor refunfuñaba y decía:

Por favor, no le mientas a papá. Los tres sabemos la verdad.

¡Cállate, Héctor! —Gritó Marcó mientras se levantaba— ¡No tenías porque haber dicho eso!

No peleen—Intervino el padre— Mejor platícame, Marco. ¿Cómo te ha ido con el divorcio?

Después de un gran suspiro, Marco alcanzó la vista de su padre, y dijo:

—Qué mal, no pude arreglar nada con Lucy. Al decirme que buscaría cualquier prueba para tramitar un divorcio causal, decidí acceder, y tramitar el divorcio voluntario. Pero eso no es todo, se llevó todos mis bienes. Prácticamente sólo me dejó los bienes incorporales, y eso porque le es imposible quitármelos.

Y, ¿qué pasó con la tutela del niño?, ¿ganaste? — Preguntó Héctor, muy preocupado.

Marco agachó la cabeza, y mientras una lágrima recorría su mejilla, dijo:

No, al perder todos mis bienes, patrimonio y domicilio, el juez dijo que no podría hacerme cargo del niño. La única manera de ganar la tutela, sería demostrando que mi ex-mujer tiene problemas mentales o que es drogadicta. Pero, vamos, sabemos que no es cierto.

Por unos momentos, hubo un silencio en la habitación, muy incómodo. Los tres observaban un punto en el espacio, sin realmente ver algo.

¿De cuánto es la manutención?­— Preguntó el padre.

El treinta por ciento de lo que gano…

El tiempo pasó, y la hora de visitas en el hospital acabó. Los dos hermanos salieron de la habitación, prometiendo volver al día siguiente. Marco estaba muy triste, perdió a la mujer que ama y a su hijo, y sabía que no le faltaba mucho para perder a su padre. Héctor parecía no importarle el estado de su padre, pero por dentro estaba hecho pedazos. Mientras que el padre, estaba demasiado frustrado, llevaba meses tendido en aquella deprimente habitación.

El anciano murió a los tres días. Marco no derramó ni una lágrima al enterarse de la noticia. En cambio, Héctor rompió a llorar como si fuese un niño pequeño.

El anciano no dejó testamento, así que todos sus bienes pasaron a suceder a sus hijos, en partes iguales, obviamente. El anciano no tenía gran patrimonio, sólo una casa, propia, un pequeño negocio y uno que otro objeto de valor. Después de discutirlo, los hermanos pudieron llegar a un acuerdo. La casa sería de Marco, ya que su ex-esposa se quedó con la casa que apenas había terminado de pagar. Héctor se quedaría con los objetos de valor. Los hermanos se asociaron, como persona moral, y se dividían las ganancias en partes iguales.

El tiempo pasó, y Marco conoció a una mujer. Al año de conocerse, deciden contraer matrimonio. Mientras que Héctor, se divorció necesariamente, ya que su mujer era una estafadora.

El tiempo pasa, y todo lo cura. Ahora Marco y Héctor llevan una vida, más que feliz, estable…


*Mi tarea de Derecho (: me gustó demasiado

jueves, 25 de febrero de 2010

Buganvilia



Hacía un día muy frío. El cielo estaba nublado, pero se alcanzaba a ver el sol.
Jackie y sus padres pararon en un restaurante, en medio de un pueblo de Michoacán, estaban hambrientos. Acababan de arribar en el pueblo.
El restaurante era muy pintoresco. Era de madera y estaba alzado por unas tablas, salientes del piso. Así como una casa en la playa. En el piso, había unos canales con agua, donde había unos peces muy extraños. "Parecen peces japoneses" pensó Jackie.
Al terminar de comer, los padres de Jackie empezaron a platicar. Esto a ella le aburría demasiado, así que decidió ir al jardín. Ahí había mucho pasto, muy bien cuidado, y unos juegos infantiles. A lo lejos, Jackie, vio a una pequeña niña, con pantalón de mezclilla, jugando en la hierba. Parecía que danzaba al compás del viento.
Cuando la niña notó la presencia de Jackie, fue corriendo hacia ella y dijo:
—Hola, me llamo Valentina— Y entonces ladeo la cabeza esbozando una gran sonrisa— ¿Cómo te llamas?
—Mi nombre es Jacqueline, pero puedes decirme Jackie— Jackie no lo había notado, pero con Valentina cerca, sentía paz en el aire.
—Bueno, Jackie, jugaré un poco más. Por favor no te vallas.
Jackie obedeció a la niña, y se quedó ahí, viéndola jugar silenciosamente. Cuando los padres de Jackie le hablaron para marcharse, Valentina fue corriendo con ella. Hizo un gesto con la mano para que Jackie se acercara. Cuando se acerco dijo:
—Te contaré un secreto, me gustan mucho las flores— dijo Valentina con una sonrisa de oreja a oreja.
Y entonces, saco de su bolsillo una pequeña flor. Una buganvilia.
Jackie la aceptó, diciendo "gracias". Entonces sus padres volvieron a llamar. Volteó, dijo que no tardaba más, y cuando regresó la mirada, Valentina ya se había ido.
Esto a Jackie le parecía muy extraño. pero guardó la pequeña buganvilia.
Transcurridos dos años de aquel curioso suceso. Jackie se sentía desconsolada. Muy triste.
Fuera de casa, hacía mucho viento, lo cual deprimía más a Jackie. Repentinamente, recordó a Valentina, el olor del césped, el hermoso panorama, lo que hizo que se sintiera un poco mejor.
Las ventanas se abrieron de golpe a causa del viento, así que Jackie se acercó a cerrarla. Al tomar la ventana, para cerrarla, una pequeña buganvilia cayo lentamente frente a ella. Era muy extraño, ya que por ahí no se daban estas flores.
Jackie esbozó una gran sonrisa, y guardó esa pequeña flor, junto con sus tesoros más preciados.
"Gracias por acompañarme, Valentina" pensó.

Gritos desesperados

El camino se estrecha. Lleno de atascamientos de una sustancia obscura. Aún así, intento pasar.
Al principio todo parecía muy sencillo, hasta que los estancamientos de aquella sustancia obscura empezaron a ser más abundantes.
La cantidad de estancamientos fueron creciendo gradualmente hasta que me topé con un mar, de esta sustancia, claro.
Muchos días estuve ahí, no sabía que hacer. Temía lanzarme, pero me era imposible regresar. Cada segundo que pasaba ahí parado, sentía como mi corazón se estrujaba y revolcaba de dolor.
De repente, un día, decidí aventarme a ese mar. La sustancia era más espesa de lo que imaginé, me es casi imposible nadar. Mis fuerzas se agotan. Sólo grito. Grito desesperadamente por ayuda, pero nadie acude. Me hundo.

¿Por qué?

¿Por qué?
A pesar de exteriorizar eso que tanto me perturbaba, ahora que por fin me he librado de eso. ¿Por qué me siento incluso peor?
Se suponía que me quitaría un gran peso de en sima. Pero parece que aumentó la carga. Sólo te hice caso...
Ahora sí no sé que hacer. Ya no estoy confundido, estoy cuerdo, pero perdido. No sé hacia donde ir ahora.
Las cosas no deberían de ser tan complicadas

martes, 23 de febrero de 2010

Loco


Hoy, 23 de Febrero del 2010, nada, ¿entiendes?, Nada me sale bien.
Estoy perdiendo mi mente, mis sentimientos me consumen y mis sentidos están al borde de la explosión.
No sé quien soy, y no quiero saberlo. Pero sé lo que tengo que hacer. No quiero hacerlo. Tengo miedo. Miedo...
Ahora lo noto, estoy siendo absorbido por el miedo, la incertidumbre. Me consumo. Me deshago.
Miro al horizonte esperando morir, lenta y silenciosamente. Sólo quiero morir. Que todo termine. Morir es la única solución. Pero morir me da aún más miedo que vivir.
No sé que hacer
¡A la mierda con todo!. Mente, piérdete. Sentimientos, consúmanme. Sentidos, exploten.
Ahora me quedaré sentado, esperando el final, mientras la obscuridad me consume.
Ni siquiera se que es todo esto que escribo... Estoy tan harto de mí.


Me estoy volviendo loco...

lunes, 22 de febrero de 2010

Un día de mi vida.

Desperté. Sinceramente no sabía quien era yo, debía ser yo, pero no lo sentía así. No tenía ganas de hablar con nadie, por miedo a que alguien notara mi cambio de personalidad tan repentino, así que me predispuse a callar todo el día. Tarea fácil para alguien tan excéntrico como yo.
Me alisté, como siempre, y fui al colegio.
Entré al aula, como cualquier otro día. Dejé mis cosas en mi pupitre y tomé asiento. Entrecrucé los dedos y los apoyé entre mi nariz y el labio.
Así me quedé mientras llegaba toda esa gente con la que me veo obligado a convivir todos los días, mis compañeros de clase.
Mientras tanto, mi mente volaba, pensaba en como arruiné mi pasado, como desperdicio mi presente y en como desmorono mi futuro.
Me la pasé así hasta que sonó la chicharra que anunciaba el inicio de las clases. Cosa que me interesó muy poco, ya que en realidad saqué mi libro de Tokio Blues y sin más, lo comencé a leer.
Me tocaba la materia de Tutoría (que en realidad no es una materia). Entró la maestra, una mujer morena con sobrepeso. A pesar de tener cara de felicidad y complacencia, sus ojos demuestran una tristeza inmensa. Esta mujer siempre está en mecanismo de defensa, siempre tratando de herir con sus comentarios punzo-cortantes, pero hoy no podía hacer nada que me molestara, estaba demasiado dañado como para dañarme más.
Me importó un bledo su presencia, así que seguí leyendo. Repentinamente me habló la maestra, sinceramente me dio mucha pereza ir a el escritorio para ver que quería.
Puse mi separador en la página en que me había quedado (que por cierto, era una parte muy interesante) y fui hacia el escritorio.
—¿Qué pasó maestra?— Pregunté
La maestra volteó fugazmente a mi pupitre, donde dejé mi libro, entonces preguntó:
—He notado que leías, ¿qué libro es?, ¿De qué trata?
Tokio Blues, es de un escritor japonés— contesté sin ánimo, ya quería regresar a mi asiento.
—Bueno, como tutora—comenzó a decir, cambiando repentinamente el tema— Es mi deber saber si tienes algún problema con alguna materia o algún profesor.
Hice mueca de estar pensando, aunque en realidad no tenía ningún problema, ya que me la he pasado tomando apuntes y en silencio. Inhalé profundamente y le dije:
—La verdad, no.
—¡Oh!, eso es muy bueno Patricio, me alegra mucho.
—Gracias— intenté sonar agradecido, pero mi cara quedó inmutable a algún sentimiento.
—¡Vaya!, al parecer has cambiado. Puedo ver que te has vuelto más responsable, y que has dejado de comportarte como un niño. Creo que has madurado— Dijo la maestra, esbozando una sonrisa muy extraña, como de satisfacción. Tal vez de verdad estaba orgullosa de mí.
Lástima que estuviera equivocada. Lo que me pasaba no tenía nada que ver con la madurez.
—¿Gracias?
La maestra no notó que era una pregunta de incredulidad, sólo dijo que regresara a mi asiento. Eso fue lo que hice, y comencé a leer de nuevo.
Acabó la clase de Tutoría, y comenzó la de Psicología.
Ni siquiera noté cuando se intercambiaron las maestras. Pero cuando me di cuanta, la maestra de Psicología ya estaba en el escritorio.
No me importo, sólo leí hasta el timbre para salir al descanso. Entonces cerré mi libro y me marché.
Fui a buscar a una de las pocas personas que me comprende y me acepta, al igual que yo a ella. Y nos pasamos el descanso juntos físicamente, pero distanciados mentalmente. Cada quien volaba en su propio infierno interno.
Cuando terminó el descanso, fui directamente a mi salón, y me planté en mi asiento justo como en la mañana.
Y pasaron otras tres horas de rutina. En todo el día no hablé con nadie, mas que unas vagas palabras pidiendo la hora, o preguntando si había tareas pendientes.
Y así hasta que llegó el segundo descanso. El más corto del día, gracias al cielo.
Hice lo mismo que en el primero, a diferencia de que compré algo en la cooperativa, no sé por que, ya que no tenía tanta hambre.
y acabó el segundo descanso. De nuevo me dirigí a mi salón, me planté y entrecrucé los dedos en la parte superior del labio.
Así me la pasé las siguientes dos horas. Cuando sonó el timbré en señal de cambio de clases, tomé mis cosas y subí las escaleras hasta el último piso (donde tomaba lugar la última clase).
Repetí el procedimiento, entré, dejé mis cosas, me senté, entrecrucé los dedos y divague por mi mente.
Poco a poco el aula se llenó, al igual que mi mesa. Como eran mesas en conjunto, no podía estar solo en esta ocasión. En mi mesa se sentaron mis "amigos", quienes hablaban de ropa, antros, clases sociales, y todo ese tipo de porquerías que en verdad no me importan.
Mi cabeza, estaba a punto de explotar, estaba harto de este maldito día. Estaba a punto de gritar, pero fui interrumpido por una compañera que preguntaba:
—Oye, Patricio. ¿Tú crees que debería perdonar a Briseño?, quiero volver a hablar con él, pero es su culpa. Él debería disculparse conmigo ¿no?, sí, así es, no le hablaré hasta que el me pida perdón y...
—¡No seas pendeja!. Sólo te quedan cuatro meses, y después de eso, no lo volverás a ver— exploté contra ella, no era mi intención, pero fue la primera persona que se me acercó. Pobre chica, tenía mala suerte.
Acabo la hora, por consecuente, las clases. Tomé mis cosas y me largué a mi casa.
Hablé por messenger con la persona que más me confunde. El ver como le interesaba hizo que volviera a sentirme yo. Prometió ayudarme el día de mañana, lo que dejó en mí una gran esperanza. Tal vez aún me sienta mal, pero saber que cuento con su apoyo me alegra mucho.
Después de eso, no he hecho más cosas que signos que gritan "¡ayuda!" en mi libreta.
Ahora, sólo olvido este día escribiendo esto...

sábado, 20 de febrero de 2010

Farsa

De repente frenó un taxi frente a casa de Juan, del cual bajaron Pedro, quien había sido invitado por Juan a su casa, y Paloma, a la cual no se le había invitado a la pequeña reunión.
Después de un rato de charla en casa de Juan, Paloma tuvo que ir un momento al baño. Juan, entonces aprovechó la situación para hablar con Pedro.
—Hey, Pedro, ¿por qué trajiste a Paloma?— dijo Juan muy bajo, como si temiera que ella lo escuchase.
Pedro soltó una pequeña risa de nerviosismo.
—Es que, desde hace como un mes, somos novios. Perdón por no decirte, pero ya hacía mucho tiempo que no te veía, y prefería decírtelo en la cara.— Musitó Pedro, simulando el tono de voz de Juan.
—¡Oh!, eso es muy bueno, me siento muy feliz por ti, hombre.— contestó Juan esbozando una gran sonrisa, pero entonces, frunció el ceño y dijo— Sólo no me cuadra un asunto, ¿no me dijiste hace dos meses que te gustaba María?, la del quinto semestre.
Pedro agachó la cabeza, y su mirada se tornó triste. Hubo un corto silencio, mientras Pedro formulaba su respuesta. Juan simplemente esperaba por ella.
—Sí, y aún me gusta muchísimo.— añadió Pedro.
—¿Qué?—Juan tenía cara de no comprender nada, tardo un momento en reorganizar sus ideas, y añadió—Entonces, ¿Por qué?, ¿por qué estás con Paloma?.
—Pues mira... — Pedro suspiró, inhalo aire y repuso— La soledad no dejaba de atormentarme, y tú sabes, que siempre había estado solo. Cuando se presentó la oportunidad de Paloma, ni siquiera lo pensé, y lo demás fue sucediendo espontáneamente.
—O sea, que sólo estás con ella por un simple capricho— contestó Juan.
Pedro, ladeaba la cabeza, no sabía que contestar. Hasta que por fin encontró las palabras.
—No—dijo Pedro—Ya no quería estar solo, estaba desesperado, incluso empecé a hacerme daño, ¿recuerdas?. Ahora, tal vez no esté con la persona que yo quiero, pero ya no estoy solo, por fin hay alguien que se preocupa por mí.
Juan no supo que contestar, él sabía que estaba mal lo que hacía, pero no podía enojarse. Paloma era la única manera de que Pedro dejara de hacerse daño.
Pasaron menos de 5 minutos y Paloma regresaba del baño, el ambiente de la estancia era muy pesado. Cuando Paloma se sentó entre los dos amigos, preguntó "ha pasado algo interesante", pero ninguno de los dos respondió.
Pasada la hora, Paloma pide a Juan que la lleve a su casa. Así pues, salieron de casa de Juan, y en el pórtico de esta se dieron un gran beso. Mientras se besaban, Paloma daba la espalda a la entrada, pero Juan y Pedro se veían fijamente a los ojos, sabiendo que todo era una gran farsa.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Sin Nombre, sin forma V

¿Qué tan mal tiene que estar una persona para ya no esperar nada de la vida?
Demonios, ya hasta alusino

jueves, 11 de febrero de 2010

La Vida y Yo

Estaba nublado, justo como me gusta, e iba caminando por la calle sonriendo mientras se reproducía una de mis canciones preferidas.
Todo era maravilloso hasta que me encontré con la vida.
Hola ,Pat, ¿qué hay?. Me dijo la vida, mirándome fijamente a los ojos
Deberías de saberlo, tú me diriges Respondí, muy cortante, puesto que no me agrada mucho.
Y ella dijo:
Oh, es cierto, ¿cómo fui a olvidarlo?
Por favor, ¿a quién trataba de engañar?, se estaba burlando de mí. Mi sonrisa se borró inmediatamente, y entonces le dije:
Mira, si sólo vas a estar molestando, mejor deja que siga mi camino, por favor.
Y ella a mí:
¿Qué?, te molesta mi presencia, o te molesta lo que hago de tino preguntó, sino afirmó.
Cállate, déjame en pazrespondí.
La vida, sonriendo despectivamente, en tono de burla dijo:
¿Por qué?, sólo me divierto un poco, como cuando puse en tu camino a...
¡Que te calles he dicho!Grité, tenía muy claro de quien estaba hablandoEstoy harto de la manera en que juegas conmigo.
La vida bajó la mirada y negando con la cabeza dijo:
Vamos, te olvidaste de ella, cambiaron de camino, ¿por qué te molestas tanto?.
Sin dudarlo respondí:
Ese camino fue muy difícil, sentía que no lo iba a lograr.
La vida comenzó a reír a carcajadas, yo aparentaba indiferencia. Pareciera que le hubiese contado un muy buen chiste a la vida. Se burlaba de mi ya pasado dolor.
Vamos, eso estuvo buenísimo, pero se puso mejor cuando empezaste a hacer esas estupidecesdijo entre risas, rió un poco más y después prosiguióPero empezó a mejorar en el momento en que te topaste con esa pared, ¿cómo se llamaba?
CállateMi cara estaba tan tensa a causa de la furia, que sentía como la vena de mi frente se hinchaba
y ella respondió:
Vamos, sólo brome...
¡Qué te calles!_ interrumpí a la vida
Tranquilízate, lo hecho, hecho está, o ¿qué quieres que haga?respondiome la vida con tal calma, que ofendía.
¡No quiero nada que provenga de tu repugnante ser!, ¡no quiero volver a saber nada de ti, DESAPARECE!, deja de atormentarme con tus ridículos juegos. Tan solo déjame ser feliz.
La vida, sorprendida, me tomó de un hombro y dijo:
No te enojes, no es para tanto.
Di un paso hacia atrás, soltándome de la mano de la vida mientras le gritaba:
¡Aléjate de mí!, no quiero saber nada de ti, ¿me escuchas?, hace mucho tiempo que deje de creer en ti. ¡Ya no te tengo Fe!
Así que simplemente la rodeé, siguiendo con mi camino, pensando: "carajo, se termino mi canción".

martes, 9 de febrero de 2010

Sin Nombre, sin forma IV

Esta es la historia del sujeto que no puede ser él mismo por miedo a los pensamientos y comentarios ajenos.
Me encantaría contar el final, pero primero tendría que saber cómo empezó. Sólo conozco el clímax de la historia, y al parecer, no formo parte de ella...
¿Será de verdad una historia?

martes, 2 de febrero de 2010

Perdido

Estoy perdido...
Estoy perdiendo mi esencia, mi forma de ser. Estoy dejando de sentirme yo, como si estuviera siendo absorbido de alguna manera.
Así como hacen los cigarrillos, siento que me consumo poco a poco, dejando sólo cenizas. Cenizas vacías, huecas, intangibles.
Me siento tan ajeno de mí mismo, que me doy miedo, no me reconozco. Si ya no soy yo, entonces, ¿quién soy?
¿A caso he dejado de ser la persona de antes?, ¿esto es parte del proceso de maduración? o tan sólo me estoy volviendo loco.