Hacía un día muy frío. El cielo estaba nublado, pero se alcanzaba a ver el sol.
Jackie y sus padres pararon en un restaurante, en medio de un pueblo de Michoacán, estaban hambrientos. Acababan de arribar en el pueblo.
El restaurante era muy pintoresco. Era de madera y estaba alzado por unas tablas, salientes del piso. Así como una casa en la playa. En el piso, había unos canales con agua, donde había unos peces muy extraños. "Parecen peces japoneses" pensó Jackie.
Al terminar de comer, los padres de Jackie empezaron a platicar. Esto a ella le aburría demasiado, así que decidió ir al jardín. Ahí había mucho pasto, muy bien cuidado, y unos juegos infantiles. A lo lejos, Jackie, vio a una pequeña niña, con pantalón de mezclilla, jugando en la hierba. Parecía que danzaba al compás del viento.
Cuando la niña notó la presencia de Jackie, fue corriendo hacia ella y dijo:
—Hola, me llamo Valentina— Y entonces ladeo la cabeza esbozando una gran sonrisa— ¿Cómo te llamas?
—Mi nombre es Jacqueline, pero puedes decirme Jackie— Jackie no lo había notado, pero con Valentina cerca, sentía paz en el aire.
—Bueno, Jackie, jugaré un poco más. Por favor no te vallas.
Jackie obedeció a la niña, y se quedó ahí, viéndola jugar silenciosamente. Cuando los padres de Jackie le hablaron para marcharse, Valentina fue corriendo con ella. Hizo un gesto con la mano para que Jackie se acercara. Cuando se acerco dijo:
—Te contaré un secreto, me gustan mucho las flores— dijo Valentina con una sonrisa de oreja a oreja.
Y entonces, saco de su bolsillo una pequeña flor. Una buganvilia.
Jackie la aceptó, diciendo "gracias". Entonces sus padres volvieron a llamar. Volteó, dijo que no tardaba más, y cuando regresó la mirada, Valentina ya se había ido.
Esto a Jackie le parecía muy extraño. pero guardó la pequeña buganvilia.
Transcurridos dos años de aquel curioso suceso. Jackie se sentía desconsolada. Muy triste.
Fuera de casa, hacía mucho viento, lo cual deprimía más a Jackie. Repentinamente, recordó a Valentina, el olor del césped, el hermoso panorama, lo que hizo que se sintiera un poco mejor.
Las ventanas se abrieron de golpe a causa del viento, así que Jackie se acercó a cerrarla. Al tomar la ventana, para cerrarla, una pequeña buganvilia cayo lentamente frente a ella. Era muy extraño, ya que por ahí no se daban estas flores.
Jackie esbozó una gran sonrisa, y guardó esa pequeña flor, junto con sus tesoros más preciados.
"Gracias por acompañarme, Valentina" pensó.
Ah. Me gusto muchísimo. Que linda historia.
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