Hacía un día precioso. Pero Marco no podía disfrutarlo, se encontraba en el hospital. Visitaba a su moribundo padre, junto con su hermano, Héctor.
—Papá, no te preocupes, todo saldrá bien— Mintió Marco, con el fin de dar un pequeño aire de esperanza al viejo que ahí yacía.
Entonces, Marco le tomó la mano, mientras Héctor refunfuñaba y decía:
—Por favor, no le mientas a papá. Los tres sabemos la verdad.
— ¡Cállate, Héctor! —Gritó Marcó mientras se levantaba— ¡No tenías porque haber dicho eso!
—No peleen—Intervino el padre— Mejor platícame, Marco. ¿Cómo te ha ido con el divorcio?
Después de un gran suspiro, Marco alcanzó la vista de su padre, y dijo:
—Qué mal, no pude arreglar nada con Lucy. Al decirme que buscaría cualquier prueba para tramitar un divorcio causal, decidí acceder, y tramitar el divorcio voluntario. Pero eso no es todo, se llevó todos mis bienes. Prácticamente sólo me dejó los bienes incorporales, y eso porque le es imposible quitármelos.
—Y, ¿qué pasó con la tutela del niño?, ¿ganaste? — Preguntó Héctor, muy preocupado.
Marco agachó la cabeza, y mientras una lágrima recorría su mejilla, dijo:
—No, al perder todos mis bienes, patrimonio y domicilio, el juez dijo que no podría hacerme cargo del niño. La única manera de ganar la tutela, sería demostrando que mi ex-mujer tiene problemas mentales o que es drogadicta. Pero, vamos, sabemos que no es cierto.
Por unos momentos, hubo un silencio en la habitación, muy incómodo. Los tres observaban un punto en el espacio, sin realmente ver algo.
— ¿De cuánto es la manutención?— Preguntó el padre.
—El treinta por ciento de lo que gano…
El tiempo pasó, y la hora de visitas en el hospital acabó. Los dos hermanos salieron de la habitación, prometiendo volver al día siguiente. Marco estaba muy triste, perdió a la mujer que ama y a su hijo, y sabía que no le faltaba mucho para perder a su padre. Héctor parecía no importarle el estado de su padre, pero por dentro estaba hecho pedazos. Mientras que el padre, estaba demasiado frustrado, llevaba meses tendido en aquella deprimente habitación.
El anciano murió a los tres días. Marco no derramó ni una lágrima al enterarse de la noticia. En cambio, Héctor rompió a llorar como si fuese un niño pequeño.
El anciano no dejó testamento, así que todos sus bienes pasaron a suceder a sus hijos, en partes iguales, obviamente. El anciano no tenía gran patrimonio, sólo una casa, propia, un pequeño negocio y uno que otro objeto de valor. Después de discutirlo, los hermanos pudieron llegar a un acuerdo. La casa sería de Marco, ya que su ex-esposa se quedó con la casa que apenas había terminado de pagar. Héctor se quedaría con los objetos de valor. Los hermanos se asociaron, como persona moral, y se dividían las ganancias en partes iguales.
El tiempo pasó, y Marco conoció a una mujer. Al año de conocerse, deciden contraer matrimonio. Mientras que Héctor, se divorció necesariamente, ya que su mujer era una estafadora.
El tiempo pasa, y todo lo cura. Ahora Marco y Héctor llevan una vida, más que feliz, estable…
*Mi tarea de Derecho (: me gustó demasiado
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