martes, 19 de julio de 2022

Soledad, mi amiga.

Desde lo más profundo del vacío, donde los rayos de luz no alcanzan a compartir su calidez, despierta de su letargo este sentimiento que me ha acompañado desde que tengo memoria.

La soledad conquista cada rincón de mi corazón, expulsando todo lo que había para tomar su lugar.

O es acaso... ¿todo lo contrario? ¿He estado interpretando erróneamente a la soledad todos estos años? 

Soledad, mi amiga, tú no estás expulsando los sentimientos cálidos de mi corazón para tomar su lugar. Más bien ellos decidieron partir por su cuenta y tú viniste a hacerme compañía una vez más.

Siempre aquí, siempre conmigo.

No importa cuánto te odie, cuánto te insulte o qué tanto trate de encerrarte en la oscuridad... Siempre regresas.

Eres la única constante en mi vida y no he sido capaz de verlo.

Hasta cuándo voy a aprender a amarte, a aceptarte como parte imprescindible de mi ser. Que cada vez que abro las puertas a alguien más sólo será una sensación efímera de calidez.

Soledad, mi amiga, una vez más vienes cuando todos me han dado la espalda.

¿Cómo me atrevo a decir que estoy solo cuando tú estás conmigo?

Si llegase a partir de este mundo, ¿quién va a quedarse contigo?

Soledad, mi amiga, siempre te trato como el mundo me trata a mí. Siempre te doy la espalda cuando debí aceptarte con los brazos abiertos.

Sólo buscabas evitarme todo este dolor mientras yo te culpaba.