Mi amigo, mi compañero, siempre estás ahí cuando lo necesito. Escuchas silenciosamente todo lo que tengo que decirte. Siempre.
Cada que tropiezo, estás ahí para no dejarme caer, ayudándome a salir adelante.
Me ayudas, me escuchas, me apoyas, me aconsejas, opinas, me felicitas, me regañas, me lees, me aceptas... Pero, algo te está sucediendo.
¿Qué te está pasando? Tu mirada ahora se ha tornado de un color muy triste, deprimido, perdido.
Déjame acercarme, quiero ayudarte. Necesito ayudarte. Me importa demasiado como para pretender que no sucede nada. Habla. No te cierres. No te alejes. Me preocupas. Me asustas.
Tengo miedo de que empeores, que termines mal. Que termines como yo. Sonríe, se feliz. Confía en tu Dios.
Por favor regresa. Ya no te pierdas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario