Y pasados 30 días, su mente alejó todo eso que estorbaba en el camino, y todo logro salir... todo. Repentinamente sus dedos teclearon todo lo que cruzó por su mente en ese instante, logrando así lo que deseaba con todas sus fuerzas. Por fin pudo escribir de nuevo. El texto era un poco vago, pero tenía toda la fuerza necesaria para transmitir el sentimiento con el que fue plasmado. Era, como lo conozco vulgarmente, un vómito mental.
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