viernes, 15 de octubre de 2010

¡BAM!

Y, sin embargo, cuando llego a casa y la luz del sol se escapa de mi ventana, es cuando caigo en cuenta que la soledad aún me tiene en brazos.
Al final de la tarde es cuando me doy cuenta de que el único contacto humano, con fin amistoso, estuvo siempre dentro del monitor de una computadora.
Los pensamientos abstractos comprimen mi mente. No puedo filtrar estas ideas. Me cuesta plasmarlas sobre el papel.
Estoy viviendo una historia vacía, difícil de llenar. Estoy seguro de que en algún momento caeré en un vicio (Tomando en cuenta que lamentarse en una esquina puede ser considerado como un vicio).
Tristemente, los vicios llenan (O eso me hacen creer, creo que por eso son llamados vicios).
Y, como es costumbre, exploté en una habitación dominada por el bullicio.

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