lunes, 14 de junio de 2010

Jugosa mentira

La joven pareja se encontraba sentada en una de las bancas del parque tomándose de las manos y hablando de las cosas de siempre, los amigos, la escuela, cosas de moda, lo mucho que se aman y demás temas comunes en la juventud de hoy en día.
Todo era perfecto, el clima, la banca, el parque, los niños que jugaban. Mientras los dos estuvieran juntos, todo sería perfecto. Pero Juan sabía que todo era mentira, una perfección falsa. Pensó que ya era momento de decir la verdad.
Se liberó dulcemente de la mano de María y dijo:
─María, mi amor, temo que hay algo que debo decirte─ En ningún momento volteó a ver a María. Temía de su mirada.
La joven se sorprendió al escuchar estas palabras "¿Qué podía ser tan importante como para interrumpir estos momentos tan perfectos?" Pensó María.
─Claro, dime ¿Qué es lo que pasa? Tu extraña actitud me está asustando.
─Lo que pasa─ dijo él ─es que hay algo sobre mí que no te he dicho, que he ocultado todo este tiempo.
─¿Qué puede ser tan malo? Yo te amo, no puede ser tan grave.
─ Créeme, lo es.
Entonces Juan sacó de su bolsillo una zanahoria. Ninguno de los dos se movió en el próximo minuto.
─¿Vendes zanahorias?─ Intentó bromear ella, pero Juan no rió, estaba demasiado nervioso como para sonreír siquiera.
─Lo que pasa es que yo... yo soy...─ Juan no logró terminar la frase.
─¿Qué pasa, amor? ¿Qué es lo que eres?
─Un extractor de jugo
─¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Juan no respondió, sólo insertó la zanahoria en su oreja derecha, presionó y el jugo comenzó a salir a borbotones de la oreja izquierda.
María estaba atónita, no sabía como reaccionar. La persona que más amaba era también el aparato electrodoméstico que más odiaba. Su cabeza no paraba de dar vueltas y una lagrima recorrió su mejilla.
─¿Sabías que hace seis años perdí mi dedo medular derecho gracias a un extractor de jugo?─ Dijo María mientras cerraba con fuerza los puños.
─Lo sé, por eso temía tanto decírtelo.
─No sé si pueda soportar estar con un maldito exprimidor de jugo.
─Pensé que me amabas.
María se levantó de su asiento y comenzó a emitir un fortísimo rechinido proveniente de su garganta. Entonces el suelo comenzó a partirse en dos formando una gran grieta de donde salió un inmenso perro rosa con patrones florales, diez veces el tamaño de María.
─Tienes razón─ Dijo ella ─eso era antes de saber que eres un extractor de jugo. Me repugna tu presencia.
María trepó ágilmente al lomo del inmenso animal. "Vayámonos de aquí" gritó y el perro comenzó a volar agitando las orejas,
─¡No te vallas!
Pero el grito de Juan fue inútil, ya se había alejado demasiado aquel perro gigante.

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