Otra vez, sin motivo alguno, me siento fatal. No importa cuanto lo intente, no puedo salir adelante. Sólo retrocedo, empeoro, tentándome a recaer, justificándome en estúpidas excusas.
Estoy volviendo a ser consumido por mi mente. Los sentimientos me dominan de nuevo. Odio a todos.
La gente me molesta. Me irrita el sonido de sus voces. Quisiera erradicar permanentemente el bullicio que me rodea. Este deseo impulsivo de hacerle daño a alguien es casi incontrolable, es como si fuese el reflejo del deseo de dañarme a mí mismo. No podré controlarme por siempre.
Quizá todo se deba a la frustración forjada por cargar sueños sin esperanzas...
Me siento de la misma manera.
ResponderEliminarTodos nos sentimos así.
Vamos pato, vas muy bien.:)